The Strange Face
Salimos del camarote y encontramos a un hombre en la escala que nos bloqueaba el paso. Estaba de pie sobre la escalerilla con la espalda hacia nosotros, atisbando por encima de lalumbrera de la escotilla. Era, pude ver, un hombre deforme, bajo, ancho y torcido, con la espalda jorobada, el cuello velludo y la cabeza hundida entre los hombros. Vestía sarga de color azul oscuro y tenía un cabello negro, singularmente espeso y áspero. Oí a los perros invisibles gruñir con furia e inmediatamente se agachó hacia atrás, chocando contra la mano que extendí para apartarlo de mí. Se giró con rapidez animal.
De algún modo indefinible, el rostro negro que así se apareció ante mí me impactó profundamente.
Era singularmente deforme. La parte facial se proyectaba, formando algo que sugería vagamente un hocico, y la enorme boca entreabierta dejaba ver los dientes blancos más grandes que jamás hubiera visto en una boca humana.
Sus ojos estaban inyectados en sangre en los bordes, con apenas un borde blanco alrededor de las pupilas avellana. Había un curioso brillo de emoción en su rostro.
—¡Maldito sea! —dijo Montgomery—. ¿Por qué demonios no se aparta del camino?
El hombre de rostro negruzco se hizo a un lado sin decir una palabra. Seguí subiendo por la escala, mirándolo instintivamente mientras lo hacía. Montgomery se quedó al pie por un momento.