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nydus/The Island of Doctor MoreauPublic
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XVI. Cómo saborea la sangre la Gente Bestia

ardiendo de entusiasmo, en una actitud como si estuviera medio decidido a atacarme. El sátiro, también, me miró fijamente por encima de los hombros encorvados del cerdo-hiena. Oí el estampido de la pistola de Moreau y vi el destello rosado cruzar el tumulto. Toda la multitud pareció girar en dirección al destello de fuego, y yo también me vi arrastrado por el magnetismo del movimiento. En un segundo más estaba corriendo, siendo uno más de una muchedumbre tumultuosa y vociferante, en persecución del huido hombre leopardo.

Eso es todo lo que puedo decir con certeza. Vi al hombre leopardo golpear a Moreau, y entonces todo giró a mi alrededor hasta que eché a correr a toda prisa.

M’ling iba delante, muy cerca persiguiendo al fugitivo. Detrás, con las lenguas ya colgando, corrían las mujeres lobo con grandes zancadas. Los hombres cerdo les seguían, chillando de emoción, y los dos hombres toro con sus vendas blancas.

Luego venía Moreau en un grupo de la gente bestia, con su sombrero de paja de ancha ala volando, el revólver en la mano y su lacio cabello blanco al viento. El cerdo hiena corría a mi lado, manteniéndome el paso y mirándome de reojo con disimulo desde sus ojos felinos, y los demás venían pisándonos los talones y gritando a nuestras espaldas.

El hombre leopardo avanzaba abriéndose paso a la fuerza entre los largos cañaverales, que volvían a enderezarse a su paso y azotaban la cara de M’ling. Los demás, que íbamos rezagados, encontramos un sendero pisoteado cuando llegamos al cañaveral. La persecución transcurrió por el cañaveral durante un cuarto de milla tal vez, y luego se adentró en un espeso matorral que retrasó enormemente nuestros movimientos, a pesar de que lo atravesábamos todos juntos en tropel: las frondas nos azotaban la cara, las trepadoras en forma de cuerda nos atrapaban bajo la barbilla o nos prendían los tobillos, y las plantas espinosas se enganchaban y desgarraban la ropa y la carne por igual.

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