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nydus/The Lost WorldPublic
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IX. ¿Quién podría haberlo previsto?

el muerto era un europeo. Un reloj de oro de Hudson, de Nueva York, y una cadena que sujetaba una pluma estilográfica yacían entre los huesos. Había también una cigarrera de plata, con las iniciales «J. C., de A. E. S.» en la tapa. El estado del metal parecía indicar que la catástrofe no había ocurrido hacía mucho tiempo.

—¿Quién podrá ser? —preguntó lord John.

«¡Pobre diablo! Parece tener rotos todos los huesos del cuerpo».

—Y el bambú le crece a través de las costillas destrozadas —dijo Summerlee—; es una planta de crecimiento rápido, pero ciertamente es inconcebible que este cuerpo haya estado aquí mientras las cañas crecían hasta alcanzar los veinte pies de longitud.

“En cuanto a la identidad del hombre —dijo el profesor Challenger—, no abrigo la menor duda al respecto. Mientras subía por el río, antes de reunirme con ustedes en la fazenda, hice averiguaciones muy minuciosas sobre Maple White. En Pará no sabían nada. Por fortuna, tenía una pista concreta, pues había un dibujo particular en su cuaderno de notas que lo mostraba almorzando con cierto eclesiástico en Rosario. Pude encontrar a este sacerdote y, aunque resultó ser un sujeto muy discutidor que se tomó a mal, de un modo absurdo, que le señalara el efecto corrosivo que la ciencia moderna debe tener sobre sus creencias, no obstante me dio información segura. Maple White pasó por Rosario hace cuatro años, es decir, dos años antes de que yo viera su cadáver. No iba solo en aquel momento, sino que

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