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nydus/The Lost WorldPublic
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XII. Era espantoso en el bosque

Y de pronto vino algo a recordarme a mis ausentes compañeros. En el aire claro y quieto de la mañana resonó a lo lejos la nota seca y dura de un solo disparo de fusil.

Me detuve y escuché, pero no hubo nada más. Por un momento me sobresalté al pensar que algún peligro repentino pudiera haberles sobrevenido. Pero entonces acudió a mi mente una explicación más sencilla y natural. Ya era plenamente de día. Sin duda se había notado mi ausencia. Habían imaginado que me había perdido en el bosque y habían disparado este tiro para guiarme de regreso.

Es verdad que habíamos tomado la firme resolución de no disparar, pero si les parecía que yo podía estar en peligro, no vacilarían. A mí me correspondía ahora darme prisa tanto como fuera posible y tranquilizarlos así.

Estaba cansado y agotado, de modo que mi avance no fue tan rápido como deseaba; pero al fin llegué a regiones que conocía.

Allí estaba el pantano de los pterodáctilos a mi izquierda; allí, frente a mí, se encontraba el claro de los iguanodontes. Ahora me hallaba en el último cinturón de árboles que me separaba del Fuerte Challenger.

Alcacé la voz en un grito alegre para disipar sus temores. Ningún saludo de respuesta llegó hasta mí. Mi corazón se encogió ante aquel silencio ominoso. Aceleré el paso hasta convertirlos en carrera.

La empalizada se alzó ante mí, tal como la había dejado, pero la puerta estaba abierta. Entré precipitadamente. A la fría luz de la mañana, fue un espectáculo espantoso el que salió al encuentro de mis ojos. Nuestros enseres estaban esparcidos en salvaje confusión por el suelo; mis camaradas habían desaparecido y, cerca de las cenizas humeantes de nuestra hoguera, la hierba estaba teñida de carmesí por un espantoso charco de sangre.

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