Nuestros ojos han visto grandes maravillas
Escribo esto día a día, pero confío en que, antes de llegar al final, pueda decir que la luz brilla, por fin, a través de nuestras nubes.
Estamos retenidos aquí sin medios claros para escapar, y nos irrita amargamente.
Aun así, bien puedo imaginar que llegará el día en que nos alegremos de haber sido retenidos, en contra de nuestra voluntad, para ver algo más de las maravillas de este singular lugar y de las criaturas que lo habitan.
La victoria de los indios y la aniquilación de los hombres simio marcaron el punto de inflexión de nuestra suerte. A partir de entonces fuimos en verdad los amos de la meseta, pues los nativos nos miraban con una mezcla de temor y gratitud, ya que, mediante nuestros extraños poderes, los habíamos ayudado a destruir a su enemigo hereditario. Por su propio bien, tal vez se alegrarían de ver la marcha de gente tan formidable e imprevisible, pero ellos mismos no han sugerido ninguna forma por la cual podamos llegar a las llanuras de abajo. Había, hasta donde pudimos seguir sus gestos, un túnel por el cual se podía acceder al lugar, cuya salida inferior habíamos visto desde abajo. Por este, sin duda, tanto los hombres simio como los indios habían llegado a la cima en distintas épocas, y Maple White con su compañero habían tomado el mismo camino. Solo el año anterior, sin embargo, se había producido un terremoto tremendo, y el extremo superior del túnel se había derrumbado y desaparecido por completo.