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nydus/The Lost WorldPublic
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XII. Era espantoso en el bosque

millas de mí, pero incluso a esa distancia se podía observar cómo, de vez en cuando, parpadeaban o se obscurecían al pasar alguien por delante de ellas. ¡Qué no habría dado por poder arrastrarme hasta allí, echar un vistazo y llevar de vuelta a mis compañeros alguna noticia sobre el aspecto y el carácter de la raza que vivía en un lugar tan extraño! Era imposible por el momento, y sin embargo, desde luego no podíamos abandonar la meseta sin tener algún conocimiento definitivo sobre el asunto.

El lago Gladys⁠—mi propio lago⁠—se extendía ante mí como una lámina de azogue, con el reflejo de una luna que brillaba intensamente en su centro. Era poco profundo, pues en muchos lugares veía bajos bancos de arena que sobresalían del agua. Por todas partes, sobre la superficie quieta, podía ver indicios de vida, a veces meras ondas y rizos en el agua, a veces el destello de un gran pez de flancos plateados en el aire, a veces el lomo arqueado y de color pizarra de algún monstruo que pasaba. Una vez, sobre un banco de arena amarilla, vi una criatura parecida a un cisne enorme, de cuerpo torpe y cuello alto y flexible, que se arrastraba por la orilla. Al poco tiempo se precipitó al agua, y durante un rato pude ver el cuello arqueado y la cabeza huidiza ondulando sobre la superficie. Luego se sumergió y no lo vi más.

Mi atención no tardó en desviarse de aquellas lejanas vistas y volver a lo que ocurría a mis propios pies. Dos criaturas parecidas a grandes armadillos habían bajado al abrevadero y estaban acurrucadas en la orilla del agua, con sus lenguas largas y flexibles disparándose hacia dentro y hacia fuera como cintas rojas mientras bebían. Un ciervo enorme, de astas ramificadas, una criatura magnífica que se erguía como un rey, bajó junto a su cierva y dos cervatillos y bebió al lado

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