escribir —o si volverá a escribir jamás—, no lo sé. Mientras tanto, puedo ver que los indios siguen en su sitio, y estoy seguro de que el fiel Zambo estará aquí dentro de poco para recoger mi carta. Solo confío en que llegue a sus manos.
P. S. —Cuanto más lo pienso, más desesperada parece nuestra situación. No veo ninguna esperanza posible de retorno. Si hubiera un árbol alto cerca del borde de la meseta, podríamos tender un puente de regreso, pero no hay ninguno en cincuenta yardas a la redonda. Nuestra fuerza unida no podría cargar con un tronco que sirviera a nuestro propósito. La cuerda, por supuesto, es demasiado corta para que podamos descender por ella. No, nuestra posición es desesperada—¡desesperada!