sabes, y cuerpos pesados. Incluso Challenger podría sacarle unos metros en cien al mejor de ellos, y tú o yo seríamos un Shrubb perfecto. * Otro punto era que no sabían nada de armas. No creo que hayan entendido nunca cómo el tipo al que le disparé resultó herido. Si lográbamos alcanzar nuestras armas, no se sabía de qué seríamos
“Así que me escapé temprano esta mañana, le metí una patada en la panza a mi guardia que lo dejó turuleta, y salí picando hacia el campamento. Ahí los conseguí a ustedes y a las armas, y aquí estamos”.
“¡Pero los profesores!”, exclamé consternado.
—Bueno, tenemos que volver atrás y traerlos. No pude traerlos conmigo. Challenger estaba subido al árbol y Summerlee no estaba para esos trotes. La única oportunidad era conseguir las armas e intentar un rescate.
Por supuesto, es posible que se los carguen en el acto por venganza. No creo que toquen a Challenger, pero no pondría la mano en el fuego por Summerlee. Aunque se lo habrían cargado de todas formas. De eso estoy seguro. Así que no he empeorado las cosas por haber salido corriendo.
Pero tenemos la obligación de honor de volver y sacarlos de allí o llegar hasta el final con ellos. Así que prepárate el alma, joven amigacho, porque será de una manera u otra antes de que anochezca.
He intentado imitar aquí la forma de hablar entrecortada de lord Roxton, sus frases breves y enérgicas, el tono medio humorístico y medio temerario que impregnaba todo su relato. Pero él era un líder nato. A medida que el peligro arreciaba, sus maneras desenfadadas se acentuaban, su discurso se volvía más