“Por lo que sé, puede haber una tribu de caníbales esperando la hora del almuerzo entre esos mismos matorrales”, dijo lord John, mirando al otro lado del puente.
“Es mejor aprender la prudencia antes de caer en una olla; así que nos conformaremos con esperar que no nos aguarde ningún contratiempo y, al mismo tiempo, actuaremos como si así fuera. Malone y yo volveremos a bajar, por lo tanto, y traeremos los cuatro rifles, junto con Gómez y el otro. Un hombre podrá entonces cruzar y el resto lo cubrirá con las armas hasta que compruebe que es seguro que avancemos todos”.
Challenger se sentó sobre el tocón cortado y gimió de impaciencia; pero Summerlee and yo éramos del parecer de que Lord John era nuestro líder cuando se trataba de tales detalles prácticos.
La escalada resultó ser algo más sencilla ahora que la cuerda colgaba por la pared de la parte más difícil de la ascensión. En el espacio de una hora habíamos subido los rifles y una escopeta.
Los mestizos también habían ascendido y, bajo las órdenes de Lord John, habían llevado un fardo de provisiones por si nuestra primera exploración resultaba ser larga. Cada uno de nosotros llevaba cananas de cartuchos.
—Ahora, Challenger, si de verdad se empeña en ser el primero en entrar —dijo Lord John, cuando todos los preparativos hubieron concluido.
—Le estoy muy agradecido por su amable permiso —dijo el furioso profesor, pues jamás hubo hombre tan intolerante ante cualquier forma de autoridad—. Ya que tiene la bondad de concedérmelo, sin duda habré de tomar sobre mí la iniciativa de actuar como pionero en esta ocasión.