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nydus/The Lost WorldPublic
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XV. Nuestros ojos han visto grandes maravillas

Desde su apoteósico triunfo con los hombres simio, nos consideraban superhombres que llevaban la victoria en los cañones de extrañas armas, y creían que, mientras permaneciéramos con ellos, la buena suerte les sonreiría. A cada uno de nosotros se nos ofreció generosamente una mujercita de piel roja y una cueva propia si tan solo olvidábamos a nuestra propia gente y vivíamos para siempre en la meseta.

Hasta entonces todo había sido amabilidad, por muy distantes que fueran nuestros deseos; pero teníamos la plena seguridad de que nuestros verdaderos planes de descenso debían mantenerse en secreto, pues teníamos razones para temer que a última hora intentaran retenernos por la fuerza.

A pesar del peligro que representan los dinosaurios (el cual no es grande salvo de noche, pues, como ya habré mencionado antes, son de hábitos mayormente nocturnos), en las últimas tres semanas he ido dos veces a nuestro viejo campamento para ver a nuestro negro, que todavía montaba guardia al pie del acantilado.

Mis ojos se esforzaron con ansiedad a través de la gran llanura con la esperanza de ver a lo lejos la ayuda por la que habíamos rogado. Pero las largas extensiones salpicadas de cactus seguían extendiéndose, vacías y desnudas, hasta la lejana línea del cañaveral.

—Pronto vendrán, amo Malone. Antes de que pase otra semana, los indios regresarán y traerán sogas para bajarlo.

Tal fue el alegre grito de nuestro excelente Zambo.

Tuve una extraña experiencia al regresar de esta segunda visita, que había supuesto que pasara una noche fuera de la compañía de mis

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