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nydus/The Lost WorldPublic
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XI. Por una vez yo fui el héroe

empezamos. Está claro que todo está densamente arbolado, y llevaría meses penetrar en él y conocer las relaciones de una parte con otra. Si hubiera algún pico central sería diferente, pero todo desciende en pendiente, hasta donde podemos ver. Cuanto más avanzamos, menos probable es que obtengamos una vista general.

Fue en ese momento cuando tuve mi inspiración.

Mis ojos tropezaron por casualidad con el enorme y nudoso tronco del ginkgo que extendía sus inmensas ramas sobre nosotros. Sin duda, si su tronco superaba al de todos los demás, su altura debía hacer lo mismo. Si el borde de la meseta era en verdad el punto más alto, ¿por qué este poderoso árbol no iba a resultar ser una atalaya que dominara todo el país?

Ahora bien, desde que corría libre por los campos de Irlanda en mi juventud, he sido un audaz y experto trepador de árboles. Mis compañeros podían superarme en las rocas, pero sabía que yo sería el rey indiscutible entre aquellas ramas. Con tal de que lograra apoyar las piernas en el más bajo de los gigantescos retoños, sería muy extraño que no pudiera abrirme camino hasta la cima.

Mis compañeros se alegraron mucho con mi ocurrencia.

—Nuestro joven amigo —dijo Challenger, frunciendo las rojas manzanas de sus mejillas— es capaz de proezas acrobáticas que serían imposibles para un hombre de apariencia más sólida, aunque posiblemente más imponente. Aplaudo su determinación.

—¡Caramba, muchacho, has dado en el clavo! —dijo Lord John, dándome una palmada en la espalda—. ¡Cómo no se nos habría ocurrido antes, no me lo explico! No queda más de una hora de luz del día, pero si te llevas la libreta tal vez puedas hacer un croquis del lugar. Si ponemos estas tres cajas de munición bajo la rama, enseguida te subiré a ella.

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