«¡Vaya por Dios!» Su bigote negro se levantó y un colmillito blanco centelleó en una mueca de burla. «¿Que no lo soportarás, eh?»
“Don’t be such a fool, Professor!” I cried. “What can you hope for? I’m fifteen stone, as hard as nails, and play center three-quarter every Saturday for the London Irish. I’m not the man—”
Fue en ese momento cuando se me vino encima. Menos mal que había abierto la puerta, o habríamos atravesado de lado a lado. Dimos juntos una rueda de Catalina por el pasillo. No sé cómo nos llevamos por delante una silla y salimos disparados con ella hacia la calle. Tenía la boca llena de su barba, llevábamos los brazos enlazados, los cuerpos entrelazados, y aquella silla infernal esparcía sus patas a nuestro alrededor. El atento Austin había abierto de par en par la puerta del vestíbulo.