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nydus/The Lost WorldPublic
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Las cosas más maravillosas han sucedido

la naturaleza tan hermosa como el pavo real o, puestos a elegir, la aurora boreal. Me duele oírte hablar de ella de manera tan poco apreciativa. Sin duda, con la debida diligencia, podremos conseguir algún otro

—De eso no puede haber ninguna duda —dijo Summerlee, con gesto severo—, pues uno acaba de desaparecer detrás del cuello de su camisa.

Challenger dio un salto en el aire mugiendo como un toro y se arrancó frenéticamente la chaqueta y la camisa para quitárselas. Summerlee y yo nos reíamos tanto que apenas pudimos ayudarlo. Por fin dejamos al descubierto aquel torso monstruoso (cincuenta y cuatro pulgadas, según la cinta del sastre). Su cuerpo estaba completamente enmarañado de pelo negro, y de aquella selva extrajimos la garrapata errante antes de que le hubiera picado. Pero los arbustos de alrededor estaban llenos de aquellas horribles plagas, y era evidente que debíamos mudar nuestro campamento.

Pero antes que nada era necesario hacer nuestros arreglos con el fiel negro, quien apareció poco después en la cima con varias latas de cacao y bizcochos, que nos arrojó.

De las provisiones que quedaban abajo se le ordenó conservar la cantidad suficiente para mantenerse durante dos meses. Los indios debían quedarse con el resto como recompensa por sus servicios y como pago por llevar nuestras cartas de regreso al Amazonas.

Unas horas más tarde los vimos en fila india muy a lo lejos sobre la llanura, cada uno con un bulto en la cabeza, abriéndose camino de vuelta por el sendero por el que habíamos venido. Zambo ocupó nuestra pequeña tienda en la base de la cima, y allí permaneció, nuestro único vínculo con el mundo de abajo.

Y ahora teníamos que decidir nuestros movimientos inmediatos. Cambiamos de posición, saliendo de entre los arbustos plagados de

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