Summerlee se estaba limpiando la sangre de un corte en la frente, mientras yo me vendía una fea puñalada en el músculo del cuello. A lord John le habían arrancado la hombrera de la chaqueta, pero los dientes de la criatura solo le habían rozado la carne.
—Vale la pena señalar —continuó Challenger— que nuestro joven amigo ha recibido una cuchillada indudable, mientras que el abrigo de lord John solo pudo haber sido desgarrado por un mordisco. En mi propio caso, fui golpeado en la cabeza por sus alas, de modo que hemos tenido una notable muestra de sus diversos métodos de agresión.
—Ha estado a pique de costarnos la vida —dijo lord John, con gravedad—, y no se me ocurre una muerte más asquerosa que ser liquidado por una alimaña tan inmunda. Siento haber tenido que disparar mi rifle, pero, ¡por Júpiter!, no había mucha opción.
—No estaríamos aquí si tú no lo hubieras hecho —dije, con convicción.
—No creo que haga daño —dijo él—. Entre estos bosques debe haber muchos chasquidos fuertes de árboles que se parten o caen, los cuales sonarían exactamente igual que un disparo. Pero ahora, si opinas como yo, ya hemos tenido suficientes emociones por un día, y lo mejor será que volvamos al botiquín en el campamento por un poco de ácido carbólico. ¿Quién sabe qué veneno puedan tener estas bestias en sus horribles mandíbulas?
Pero sin duda ningún hombre había tenido jamás un día semejante desde que el mundo comenzó. Alguna nueva sorpresa nos aguardaba siempre.