Llegamos a continuación a las relaciones. Las relaciones más fáciles de captar son aquellas que se dan entre las diferentes partes de un único dato de los sentidos complejo.
Por ejemplo, puedo ver de un vistazo toda la página en la que estoy escribiendo; por lo tanto, la página entera está incluida en un solo dato de los sentidos. Pero percibo que algunas partes de la página están a la izquierda de otras partes, y algunas partes están por encima de otras partes.
El proceso de abstracción en este caso parece desarrollarse más o menos de la siguiente manera: veo sucesivamente varios datos de los sentidos en los que una parte está a la izquierda de otra; percibo, como en el caso de las diferentes manchas blancas, que todos estos datos de los sentidos tienen algo en común, y mediante la abstracción descubro que lo que tienen en común es una cierta relación entre sus partes, a saber, la relación que denomino «estar a la izquierda de». De este modo llego a conocer la relación universal.
De igual modo adquiero conciencia de la relación de antes y después en el tiempo.
Supongámonos oyendo un carillón: cuando suena la última campana del carillón, puedo retener todo el carillón en mi mente y puedo percibir que las campanas anteriores precedieron a las posteriores.
También en la memoria percibo que lo que estoy recordando vino antes del tiempo presente.
De cualquiera de estas fuentes puedo abstraer la relación universal de antes y después, del mismo modo que abstraje la relación universal «estar a la izquierda de».
Así, las relaciones temporales, al igual que las espaciales, se cuentan entre aquellas con las que estamos familiarizados.