propia vida, que la hipótesis del sentido común de que existen realmente objetos independientes de nosotros, cuya acción sobre nosotros causa nuestras
La manera en que la simplicidad se introduce al suponer que existen realmente objetos físicos se ve fácilmente.
Si el gato aparece en un momento en una parte de la habitación, y en otro momento en otra parte, es natural suponer que se ha movido de una a otra, pasando por una serie de posiciones intermedias.
Pero si es meramente un conjunto de datos sensoriales, jamás pudo haber estado en ningún lugar donde yo no lo viera; por lo tanto, tendremos que suponer que no existió en absoluto mientras yo no miraba, sino que brotó repentinamente a la existencia en un nuevo lugar.
Si el gato existe lo vea yo o no, podemos comprender a partir de nuestra propia experiencia cómo se siente hambriento entre una comida y la siguiente; pero si no existe cuando no lo estoy viendo, parece extraño que el apetito crezca durante la no existencia con la misma rapidez que durante la existencia.
Y si el gato consiste únicamente en datos sensoriales, no puede tener hambre, ya que ningún hambre que no sea la mía propia puede ser un dato sensorial para mí.
Así, el comportamiento de los datos sensoriales que me representan al gato, aunque parece bastante natural cuando se considera como una expresión de hambre, se vuelve totalmente inexplicable cuando se le considera como meros movimientos y cambios de manchas de color, las cuales son tan incapaces de sentir hambre como un triángulo de jugar al fútbol.
Pero la dificultad en el caso del gato no es nada en comparación con la dificultad en el caso de los seres humanos. Cuando los seres humanos