Debemos, por consiguiente, si es posible, hallar en nuestras propias experiencias puramente privadas características que muestren, o tiendan a mostrar, que hay en el mundo cosas distintas de nosotros y de nuestras experiencias privadas.
En cierto sentido hay que admitir que nunca podemos demostrar la existencia de cosas distintas de nosotros mismos y de nuestras experiencias. No se sigue ningún absurdo lógico de la hipótesis de que el mundo consiste en mí mismo y en mis pensamientos, sentimientos y sensaciones, y que todo lo demás es pura fantasía. En los sueños puede parecer que un mundo muy complicado está presente, y sin embargo, al despertar descubrimos que era una ilusión; es decir, descubrimos que los datos sensoriales del sueño no parecen haber correspondido a los objetos físicos que habríamos inferido naturalmente a partir de nuestros datos sensoriales. > (Es verdad que, cuando se presupone el mundo físico, es posible encontrar causas físicas para los datos sensoriales en los sueños: un portazo, por ejemplo, puede hacer que sonemos con un combate naval. Pero aunque, en este caso, haya una causa física para los datos sensoriales, no hay un objeto físico que corresponda a los datos sensoriales de la manera en que correspondería una batalla naval real.) No hay ninguna imposibilidad lógica en la suposición de que toda la vida es un sueño, en el que nosotros mismos creamos todos los objetos que se nos presentan. Pero aunque esto no sea lógicamente imposible, no hay ninguna razón para suponer que sea verdad; y es, de hecho, una hipótesis menos simple, considerada como un medio para explicar los hechos de nuestra