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nydus/The Problems of PhilosophyPublic
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VII. De nuestro conocimiento de los principios generales

Esta es la razón por la que hay una utilidad real en el proceso de «deducción», que va de lo general a lo general, o de lo general a lo particular, así como en el proceso de «inducción», que va de lo particular a lo particular, o de lo particular a lo general. Entre los filósofos ha sido un viejo debate el de si la deducción aporta alguna vez conocimiento nuevo. Ahora podemos ver que, al menos en ciertos casos, sí lo hace. Si ya sabemos que dos y dos siempre suman cuatro, y sabemos que Brown y Jones son dos, y que también lo son Robinson y Smith, podemos deducir que Brown y Jones y Robinson y Smith son cuatro. Este es un conocimiento nuevo, no contenido en nuestras premisas, porque la proposición general, «dos y dos son cuatro», nunca nos dijo que existieran personas llamadas Brown, Jones, Robinson y Smith, y las premisas particulares no nos dicen que fueran cuatro, mientras que la proposición particular deducida nos dice ambas cosas.

Pero la novedad del conocimiento es mucho menos cierta si tomamos el ejemplo clásico de deducción que siempre dan los libros de lógica, a saber: «Todos los hombres son mortales; Sócrates es hombre, por lo tanto, Sócrates es mortal». En este caso, lo que realmente sabemos más allá de toda duda razonable es que ciertos hombres, A, B, C, fueron mortales, ya que, de hecho, han muerto. Si Sócrates es uno de estos hombres, es absurdo dar el rodeo a través de «todos los hombres son mortales» para llegar a la conclusión de que probablemente Sócrates es mortal. Si Sócrates no es uno de los hombres en los que se basa nuestra inducción, aun así haremos mejor en argumentar directamente de nuestros A, B, C, a Sócrates, que en dar el rodeo por la proposición general «todos los hombres son mortales». Pues la probabilidad de que Sócrates sea mortal es mayor, según nuestros datos, que la probabilidad de que todos los hombres sean mortales.

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