los datos, era probable que todos los cisnes fueran blancos, y este podría ser un argumento perfectamente sólido. El argumento no queda refutado por el hecho de que algunos cisnes sean negros, porque una cosa muy bien puede suceder a pesar de que algunos datos la hagan improbable. En el caso de los cisnes, un hombre podría saber que el color es una característica muy variable en muchas especies de animales y que, por lo tanto, una inducción sobre el color es especialmente propensa a errores. Pero este conocimiento sería un nuevo dato, que de ningún modo prueba que la probabilidad en relación con nuestros datos anteriores se hubiera estimado erróneamente. El hecho, por tanto, de que las cosas a menudo no cumplan nuestras expectativas no es prueba de que nuestras expectativas probablemente no se vayan a cumplir en un caso dado o en una clase dada de casos. Así pues, nuestro principio inductivo no es, en cualquier caso, susceptible de ser refutado mediante un recurso a la experiencia.
Sin embargo, el principio inductivo es igualmente incapaz de ser probado mediante una apelación a la experiencia. La experiencia podría concebiblemente confirmar el principio inductivo en lo que respecta a los casos que ya han sido examinados; pero en lo que respecta a los casos no examinados, es únicamente el principio inductivo el que puede justificar cualquier inferencia de lo que ha sido examinado a lo que no ha sido examinado. Todos los argumentos que, sobre la base de la experiencia, arguyen acerca del futuro o de las partes no experimentadas del pasado o del presente, asumen el principio inductivo; por lo tanto, nunca podemos usar la experiencia para probar el principio inductivo sin incurrir en petición de principio.