se han visto impulsados a intentar hallar alguna definición de la verdad que no consista en una relación con algo totalmente ajeno a la creencia. El intento más importante de dar una definición de esta clase es la teoría de que la verdad consiste en la «coherencia». Se afirma que el signo de la falsedad es la incapacidad de coherencia en el conjunto de nuestras creencias, y que la esencia de una verdad es formar parte del sistema completamente redondo que es La Verdad.
Existe, sin embargo, una gran dificultad en este punto de vista, o más bien dos grandes dificultades.
La primera es que no hay razón para suponer que solo sea posible un único conjunto coherente de creencias. Puede ser que, con la suficiente imaginación, un novelista inventara para el mundo un pasado que encajara perfectamente con lo que sabemos y que, sin embargo, fuera muy distinto del pasado real.
En cuestiones más científicas, es seguro que a menudo existen dos o más hipótesis que explican todos los hechos conocidos sobre algún tema y, aunque en tales casos los hombres de ciencia se esfuerzan por encontrar hechos que descartuen todas las hipótesis excepto una, no hay razón para que siempre lo logren.
En filosofía, por otra parte, no parece raro que dos hipótesis rivales sean capaces de dar cuenta de todos los hechos.
Así, por ejemplo, es posible que la vida sea un largo sueño y que el mundo exterior tenga únicamente el grado de realidad que poseen los objetos de los sueños; pero, aunque tal punto de vista no parece incompatible con los hechos conocidos, no hay razón para preferirlo a la opinión del sentido común, según la cual las otras personas y cosas existen realmente.
Por consiguiente, la coherencia como definición de la verdad fracasa porque no hay prueba de que pueda haber un solo sistema coherente.