si no existieran. Por lo tanto, en la medida en que el tiempo está constituido por la duración, existe la misma necesidad de distinguir un tiempo público y uno privado que la que había en el caso del espacio. Pero en la medida en que el tiempo consiste en un orden de antes y después, no hay necesidad de hacer tal distinción; el orden temporal que los eventos aparentan tener es, hasta donde alcanzo a ver, el mismo que el orden temporal que efectivamente tienen. En cualquier caso, no se puede dar ninguna razón para suponer que ambos órdenes no son el mismo. Lo mismo suele ocurrir con el espacio: si un regimiento de hombres marcha por un camino, la forma del regimiento se verá diferente desde distintos puntos de vista, pero los hombres parecerán dispuestos en el mismo orden desde todos los puntos de vista. De ahí que consideremos que el orden también es verdadero en el espacio físico, mientras que se supone que la forma solo corresponde al espacio físico en la medida en que se requiere para la
Al afirmar que el orden temporal que los acontecimientos parecen tener es el mismo que el que realmente tienen, es necesario prevenir un posible malentendido. No debe suponerse que los diversos estados de los diferentes objetos físicos tienen el mismo orden temporal que los datos sensoriales que constituyen las percepciones de dichos objetos. Considerados como objetos físicos, el trueno y el relámpago son simultáneos; es decir, el relámpago es simultáneo a la perturbación del aire en el lugar donde dicha perturbación comienza, a saber, donde se produce el relámpago. Pero el dato sensorial que llamamos oír el trueno no tiene lugar hasta que la perturbación del aire ha viajado hasta donde nosotros estamos. Del mismo modo, la luz del sol tarda unos ocho minutos en llegarnos; por tanto, cuando vemos el sol, estamos viendo el sol de hace ocho minutos. En la medida en que nuestros datos sensoriales proporcionan pruebas sobre el sol físico, proporcionan pruebas sobre el sol físico de hace ocho