brilla». Al pasar de la percepción al juicio, es necesario analizar el hecho complejo dado: tenemos que separar «el sol» y «brilla» como constituyentes del hecho. En este proceso es posible cometer un error; por lo tanto, incluso cuando un «hecho» posee el primer tipo de evidencia intrínseca —o el tipo absoluto—, un juicio que se cree corresponde al hecho no es absolutamente infalible, porque puede que no corresponda realmente al hecho. Pero si corresponde (en el sentido explicado en el capítulo anterior), entonces debe de ser verdadero.
La segunda clase de evidencia intrínseca será aquella que pertenece a los juicios en primera instancia, y que no se deriva de la percepción directa de un hecho como un todo complejo único.
Este segundo tipo de evidencia intrínseca tendrá grados, desde el grado más alto hasta una mera inclinación a favor de la creencia.
Tomemos, por ejemplo, el caso de un caballo que se aleja al trote por un camino duro.
- Al principio nuestra certeza de que oímos los cascos es completa;
- poco a poco, si escuchamos con atención, llega un momento en que pensamos que tal vez fue la imaginación, la persiana de arriba o los latidos de nuestro propio corazón;
- por fin empezamos a dudar de si hubo algún ruido;
- luego creemos que ya no oímos nada, y finalmente sabemos que ya no oímos nada.
En este proceso hay una gradación continua de la evidencia intrínseca, desde el grado más alto hasta el menor, no en los datos sensoriales mismos, sino en los juicios basados en ellos.
O de nuevo: