Así, la contemplación engrandece no solo los objetos de nuestros pensamientos, sino también los objetos de nuestras acciones y nuestros afectos: nos hace ciudadanos del universo, y no solo de una ciudad amurallada en guerra con todo lo demás. En esta ciudadanía del universo consiste la verdadera libertad del hombre, y su liberación de la esclavitud de las estrechas esperanzas y temores.
Por tanto, para resumir nuestra discusión sobre el valor de la filosofía;
- Debe estudiarse la filosofía, no por aras de ninguna respuesta definitiva a sus preguntas, ya que por regla general no se puede saber que ninguna respuesta definitiva sea verdadera, sino más bien por el bien de las preguntas mismas;
- porque estas preguntas amplían nuestra concepción de lo que es posible, enriecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que cierra la mente a la especulación;
- pero sobre todo porque, a través de la grandeza del universo que la filosofía contempla, la mente también se vuelve grande y se hace capaz de esa unión con el universo que constituye su bien supremo.