Por ejemplo, si sabes la hora de la puesta del sol, a esa hora puedes conocer el hecho de que el sol se está poniendo: esto es conocimiento del hecho por medio del conocimiento de «verdades»; pero también puedes, si el tiempo está despejado, mirar hacia el oeste y ver realmente el sol poniente: entonces conoces el mismo hecho por medio del conocimiento de «cosas».
Así, respecto a cualquier hecho complejo, existen, en teoría, dos maneras en que puede ser conocido: (1) por medio de un juicio, en el cual se juzga que sus diversas partes están relacionadas tal como están de hecho relacionadas; (2) por medio de la «familiaridad» con el hecho complejo en sí mismo, que puede (en un sentido amplio) llamarse percepción, aunque de ningún modo se limita a los objetos de los sentidos. Ahora bien, se observará que la segunda manera de conocer un hecho complejo, la vía de la familiaridad, solo es posible cuando realmente existe tal hecho, mientras que la primera, al igual que todo juicio, es propicia al error. La segunda manera nos otorga el todo complejo y, por lo tanto, solo es posible cuando sus partes poseen verdaderamente esa relación que hace que se combinen para formar dicho complejo. La primera manera, por el contrario, nos otorga las partes y la relación por separado, y exige únicamente la realidad de las partes y de la relación: es posible que la relación no relacione esas partes de ese modo, y aun así el juicio puede producirse.
Se recordará que al final del Capítulo XI sugerimos que podría haber dos clases de evidencia evidente por sí misma (self-evidence), una que ofrece una garantía absoluta de verdad, y la otra solo una garantía parcial. Estas dos clases pueden ahora distinguirse.
Podemos decir que una verdad es evidente por sí misma, en el primero y más absoluto sentido, cuando estamos familiarizados con el hecho que corresponde a la verdad.