otra vez, y que, si se han encontrado juntas las suficientes veces, la probabilidad equivaldrá casi a la certeza. Nunca puede alcanzar del todo la certeza, porque sabemos que, a pesar de las frecuentes repeticiones, a veces se produce un fallo al final, como en el caso del pollo al que le retuercen el cuello. Por lo tanto, la probabilidad es todo lo que debemos buscar.
Podría alegarse, en contra de la postura que defendemos, que sabemos que todos los fenómenos naturales están sujetos al imperio de la ley, y que a veces, sobre la base de la observación, podemos ver que solo una ley puede ajustarse posiblemente a los hechos del caso.
Ahora bien, a este punto de vista hay dos respuestas.
- La primera es que, incluso si alguna ley que no tiene excepciones se aplica a nuestro caso, nunca podemos estar seguros, en la práctica, de haber descubierto esa ley y no una a la que sí le quepan excepciones.
- La segunda es que el imperio de la ley parecería ser en sí mismo meramente probable, y que nuestra creencia de que se cumplirá en el futuro, o en casos no examinados del pasado, se basa a su vez en el principio mismo que estamos examinando.
El principio que estamos examinando puede llamarse principio de inducción, y sus dos partes pueden formularse del siguiente modo:
- Cuando se ha descubierto que una cosa de cierto tipo A está asociada a una cosa de otro tipo B, y nunca se la ha encontrado disociada de una cosa del tipo B, cuanto mayor sea el número de casos en los que A y B han estado asociados, mayor será la probabilidad de que se asocien en un nuevo caso en el que se sepa que uno de ellos está presente; - Bajo las mismas circunstancias, un número suficiente de casos de asociación hará que la probabilidad de una nueva