Esto se aplica, en particular, a cuestiones como la distinción entre los sueños y la vida en vigilia. Si nuestros sueños, noche tras noche, fueran tan coherentes los unos con los otros como nuestros días, difícilmente sabríamos si debemos creer en los sueños o en la vida en vigilia. Tal como son las cosas, la prueba de la coherencia condena los sueños y confirma la vida en vigilia. Pero esta prueba, aunque aumenta la probabilidad cuando tiene éxito, nunca otorga una certeza absoluta, a menos que ya exista certeza en algún punto del sistema coherente. Así pues, la mera organización de la opinión probable nunca logrará, por sí misma, transformarla en conocimiento indudable.
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XIII. Conocimiento, Error y Opinión Probable
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