La necesidad de dar cabida a la falsedad hace imposible considerar la creencia como una relación de la mente con un objeto único, del cual se podría decir que es lo que se cree.
Si la creencia fuera considerada de este modo, hallaríamos que, al igual que el conocimiento directo (acquaintance), no admitiría la oposición entre la verdad y la falsedad, sino que tendría que ser siempre verdadera.
Esto puede aclararse mediante ejemplos. Otelo cree erróneamente que Desdémona ama a Cassio. No podemos decir que esta creencia consista en una relación con un objeto único, «el amor de Desdémona por Cassio», pues si tal objeto existiera, la creencia sería verdadera. De hecho, no existe tal objeto y, por lo tanto, Otelo no puede tener relación alguna con semejante objeto. De ahí que su creencia no pueda consistir de ningún modo en una relación con este objeto.
Podría decirse que su creencia es una relación con un objeto diferente, a saber, «que Desdémona ama a Cassio»; pero es casi tan difícil suponer que hay un objeto como este, cuando Desdémona no ama a Cassio, como lo era suponer que hay «el amor de Desdémona por Cassio».
De ahí que sea mejor buscar una teoría de la creencia que no haga que esta consista en una relación de la mente con un único objeto.
Es común pensar en las relaciones como si siempre se dieran entre dos términos, pero de hecho este no es siempre el caso. Algunas relaciones exigen tres términos, algunas cuatro, y así sucesivamente. Tomemos, por ejemplo, la relación «entre». * Mientras solo intervengan dos términos, la relación «entre» es imposible: tres términos son el número mínimo que la hace