Todos estamos convencidos de que el sol saldrá mañana. ¿Por qué? ¿Es esta creencia el mero resultado ciego de la experiencia pasada, o puede justificarse como una creencia racional? No es fácil encontrar un criterio con el cual juzgar si una creencia de este tipo es racional o no, pero al menos podemos determinar qué clase de creencias generales bastarían, de ser verdaderas, para justificar el juicio de que el sol saldrá mañana, y los muchos otros juicios similares en los que basamos nuestras acciones.
Es evidente que si se nos pregunta por qué creemos que el sol saldrá mañana, responderemos naturalmente: «Porque siempre ha salido todos los días».
Tenemos la firme creencia de que saldrá en el futuro porque ha salido en el pasado.
Si se nos cuestiona por qué creemos que seguirá saliendo como hasta ahora, podemos apelar a las leyes del movimiento:
la tierra, diremos, es un cuerpo que gira libremente, y tales cuerpos no dejan de girar a menos que algo interfiera desde el exterior, y no hay nada en el exterior que pueda interferir con la tierra entre hoy y mañana.
Por supuesto, se podría dudar de si estamos del todo seguros de que no hay nada en el exterior que interfiera, pero esta no es la duda interesante.
La duda interesante es si las leyes del movimiento seguirán en funcionamiento hasta mañana. Si se plantea esta duda, nos encontramos en la misma posición que cuando se planteó por primera vez la duda sobre la salida del sol.
La única razón para creer que las leyes del movimiento seguirán rigiendo es que han regido hasta ahora, hasta donde nuestro conocimiento del