universales, es decir, ideas generales, tales como «blancura», «diversidad», «fraternidad», y así sucesivamente. Toda oración completa debe contener al menos una palabra que represente un universal, ya que todos los verbos tienen un significado que es universal. Volveremos sobre los universales más adelante, en el capítulo IX; por ahora, solo es necesario prevenirse contra la suposición de que todo aquello de lo que podamos tener conocimiento directo deba ser algo particular y existente. La conciencia de los universales se denomina «concebir», y un universal del que somos conscientes se denomina «concepto».
Se verá que entre los objetos con los que estamos familiarizados no se incluyen los objetos físicos (en oposición a los datos de los sentidos), ni las mentes de otras personas. Estas cosas nos son conocidas por lo que llamo «conocimiento por descripción», el cual debemos considerar ahora.
Por «descripción» entiendo cualquier frase de la forma «un tal y tal» o «el tal y tal». Una frase de la forma «un tal y tal» la llamaré descripción «ambigua»; una frase de la forma «el tal y tal» (en singular) la llamaré descripción «definida». * Así, «un hombre» es una descripción ambigua, y «el hombre de la máscara de hierro» es una descripción definida. Existen varios problemas relacionados con las descripciones ambiguas, pero los paso por alto, ya que no conciernen directamente al asunto que estamos discutiendo, a saber, la naturaleza de nuestro conocimiento acerca de los objetos en los casos en que sabemos que hay un objeto que responde a una descripción definida, aunque no estamos familiarizados con tal