con ella. Lo que sucede, en los casos en que tengo un juicio verdadero sin familiaridad, es que la cosa me es conocida por «descripción» y que, en virtud de algún principio general, la existencia de una cosa que responda a esta descripción puede deducirse de la existencia de algo con lo que sí estoy familiarizado. Para comprender este punto a fondo, será conveniente tratar primero la diferencia entre el conocimiento por familiaridad y el conocimiento por descripción, y considerar después qué conocimiento de los principios generales, si es que hay alguno, posee el mismo tipo de certeza que nuestro conocimiento de la existencia de nuestras propias experiencias. Estos temas se abordarán en los capítulos siguientes.
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IV. Idealismo
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