manera por el «sentido» de la creencia, entonces, si los dos términos en ese orden están unidos por la relación formando un complejo, la creencia es verdadera; en caso contrario, es falsa. Esto constituye la definición de verdad y falsedad que estábamos buscando. El acto de juzgar o creer es cierta unidad compleja de la cual una mente es un constituyente; si los constituyentes restantes, tomados en el orden que tienen en la creencia, forman una unidad compleja, entonces la creencia es verdadera; si no, es falsa.
Así, aunque la verdad y la falsedad son propiedades de las creencias, son en cierto sentido propiedades extrínsecas, pues la condición de la verdad de una creencia es algo que no involucra creencias, ni (en general) mente alguna, sino únicamente los objetos de la creencia. Una mente que cree, cree verdaderamente cuando hay un complejo correspondiente que no involucra a la mente, sino solo a sus objetos. Esta correspondencia asegura la verdad, y su ausencia acarrea la falsedad. De ahí que expliquemos simultáneamente los dos hechos de que las creencias (a) dependen de las mentes para su «existencia», (b) no dependen de las mentes para su «verdad».
Podemos formular de nuevo nuestra teoría del siguiente modo: Si tomamos una creencia tal como «Otelo cree que Desdemona ama a Casio», llamaremos a Desdemona y a Casio los «términos objeto», y al amar, la «relación objeto». Si existe una unidad compleja «el amor de Desdemona por Casio», que consiste en los términos objeto relacionados por la relación objeto en el mismo orden en que se encuentran en la creencia, entonces esta unidad compleja se denomina el «hecho correspondiente a la creencia».