—Adiós, puerco-espín... Señor Regato, mucho cuidado con ese granuja que sale con usted... Es capaz de hacerse comunero si usted se lo dice tres veces.
Cuando ambos salieron a la calle, el más joven dijo:
—Señor don José Manuel Regato, yo quiero ser comunero.
Uno y otro hablaron breve rato, separándose después.