CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/El Grande OrientePublic
Página 136 de 275
Table of Contents

XIV

Monsalud vaciló un instante, hizo un esfuerzo para dominar su cólera, y después dijo:

—¿A qué tanta farsa? Hablemos con claridad.

—Sí, con claridad —repuso Campos muy agitado—. He descubierto todo. Yo soy aquí el engañado, yo soy aquí el ofendido, porque has infamado mi casa; pero te perdono, te lo perdono todo con tal que te vayas y no vuelvas, con tal que desaparezcas y no existas para mi sobrina... Yo tengo derecho a ello: tendría derecho a quitarte hasta la vida; pero lo pasado, pasado. Vete. Ya sabes que he querido favorecerte: no te quejarás de mí. En cambio te pido que huyas, que desaparezcas, que no existas más para mi sobrina. Si quieres, te lo pediré de rodillas, y será gracioso ver a un Valeroso Príncipe del real secreto de hinojos ante un triste Caballero Kadossch. Vete y búscame lejos de aquí para ponerme a tus órdenes. ¿Quieres que se suelte a todos los reos que hay en Madrid? Se soltarán, se soltarán, con tal que no existas más para Andrea.

—¡Andrea! —exclamó Monsalud procurando traducir en expresiones de desprecio la furia de su alma—. ¡Yo la desprecio como te desprecio a ti, farsante!

Sin oír las palabras que Campos balbucía, el amante engañado salió de la casa.

136