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nydus/El Grande OrientePublic
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XIX

además el pobre don Juan Romero Alpuente la desgracia de que en lo mejor de sus triunfos parlamentarios le saliera un enemigo folletinista, que usando el nombre de don Pedro Tomillo Alvado, le puso de hoja de perejil.

—«Caballeros comuneros —dijo Alpuente con voz que no tenía nada de temerosa—, o hay confianza en los hombres del partido, o no hay confianza en los hombres del partido. Si hay confianza en los hombres del partido, no se planteen cuestiones prematuras. Si algo debe hacerse se hará. No conviene precipitarse, no conviene comprometerse. Las cosas vendrán por sus propios pasos. El partido es el partido, y el que no crea que el partido es como debe ser, espere a ver en qué para el partido y se convencerá. (Rumores. Asentimiento general.)

»Por consiguiente —prosiguió, satisfecho del éxito de su exordio—, esperemos, llenos de patriotismo, y no hablemos por ahora de republicanismo. El partido es un partido que debe estar preparado para empuñar el timón de la nave del Estado si se le llama con este fin. (Muestras de regocijo.) Y se le llamará, ciudadanos caballeros, pues ¿quién lo duda? El segundo gobierno constitucional sigue la misma desatentada senda que el primero. El país está lo mismo hoy que ayer. El pueblo soporta las mismas cadenas; los tiranos no han cambiado, los mandarines siguen, los peligros crecen. El gobierno cree que va a durar mucho, ¿pues no lo ha de creer? Pero yo quiero ver cómo se las compone con las tramas de la Junta Apostólica en Galicia, con los guardias destituidos, con los obispos rebeldes, con la conspiración de Vinuesa, con la del Abuelo, con los tumultos de Zamora, con el motín de Alcoy, donde han sido destrozadas todas las máquinas, con el robo de la valija de Aragón, con los sucesos de Valladolid... Me parece que les cayó quehacer, ¿eh? (Risas.) Yo pregunto: ¿cuál es el medio de que se acaben los trastornos? Establecer la libertad en toda su integridad. Esto es axiomático. Que los absolutistas vean una mano terrible dispuesta a caerles encima en cuanto chisten, y entonces se meterán bajo una silla. Y no me hablen a mí de conspiraciones demagógicas y republicanas.

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