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nydus/El Grande OrientePublic
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XVI

poéticamente por las calles de Madrid, y te busque y te encuentre... Veo que suspiras... mira, no vengas tú también con suspiros. En una mujer pase, pero un hombre es un hombre, Salvador, y sobre todo, un hombre que tiene a su padre en la cárcel a punto de ser ahorcado, debe tener corazón de bronce, portarse caballerosamente y cumplir su palabra.

—Yo la cumpliré —murmuró Salvador.

—Bueno, señor Caballero Kadossch. ¿Repites las ofertas que hace poco me has hecho?

—Las repito.

¿Acabaste para mi sobrina? —preguntó Cicerón en un tono que indicaba la idea de las resoluciones categóricas.

—Acabé —respondió Salvador en el propio tono del suicida que dice adiós a la vida.

—¿De modo que no harás caso de esquelitas, ni de recados, ni de visitas?

—No.

Se frotó los ojos con la mano derecha, cual si quisiera reducírselos a polvo.

En aquel momento arrojaba su corazón al perro.

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