Como se atiende a la lluvia cuando no se piensa salir a la calle, así atendió Monsalud al chubasco verbal del marqués. Dejábale hablar. Al través de aquel nublado, el desairado amante no veía más que el cielo que había perdido. Estaba anonadado cuando regresó Campos. El semblante de este revelaba tristeza y contrariedad.
—¿Qué hay? —le preguntó Falfán.
—Nada, que esa mocosilla se nos ha puesto mala.
—Que vayan a buscar un médico... ¡pronto, un médico! —exclamó con agitación el exento, levantándose y dirigiendo brazo y bastón a oriente y occidente, como general que da órdenes en una batalla.
—No es para tanto.
—¿Puedo pasar a verla?
—Creo que sí —dijo Campos con oficiosa complacencia—. Pero ahora... querrá dormir un rato... Puede usted pasar