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nydus/El Grande OrientePublic
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bien que consagró su tiempo a ser secretario de la masonería durante cinco meses... ¡Vean ustedes qué pago! Adelanta uno su dinero para que el Orden no carezca de nada, y al pagar... ¡Luego se espantan de que me haya hecho comunero!...

—Bendito don José —dijo vivamente Cicerón—, poco a poco. No nos espantamos de que usted se haya hecho comunero: nos espantamos y nos enojamos de que usted, tan favorecido por este Gran Oriente, prescindiendo de piquillos, alcances y descuentos, fomentara la escisión funesta que acaba de realizarse en la Sociedad; que arrastrara fuera del Orden a esos desgraciados fundadores de la gárrula Comunería, y que ahora, después que forman iglesia aparte, les incite contra nosotros, les predique la anarquía y el desorden, convirtiéndoles en desalmados jacobinos.

—Yo me marché de la masonería —dijo Regato con firmeza—; yo fomenté el cisma; yo contribuí a fundar la Sociedad de los Hijos de Padilla, porque la masonería vino a ser rápidamente una sociedad ñoña y que no sirve para nada, como dijo Voltaire. Yo no oí las verdades amargas que dijo el señor Monsalud esta noche, porque como hermano durmiente a perpetuidad, no puedo pasar de la sacristía ni aun entrar aquí sino recatadamente y a ciertas horas; pero por lo que me contó el señor Canencia, sé que este joven puso el dedo en la llaga. Señores, esto es una farsa; esto no conduce más que a un servilismo no menos infame que el servilismo del año 14. Aquí se hacen los decretos a gusto de dos o tres maestros del grado sublime; aquí se eligen los diputados; aquí no hay otra cosa que los manejos de cuatro fatuos que mandan y a su gusto disponen de todo. No les quiero citar, porque no hay para qué.

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