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nydus/El Grande OrientePublic
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XXIII

desquicia; y el absolutismo vendrá, porque las instituciones vigentes no ofrecen condiciones de vida saludable y duradera, porque carecen de fuerza para contener en límites razonables la iniciativa popular y son incapaces de fundar nada sólido. Que el gobierno, sabedor de la inicua amenaza de los exaltados, evite que se consume un horrendo delito; haga entender a esa gente que su destino y misión no es todavía ni será en mucho tiempo dirigir la cosa pública; establezca el imperio de la razón, de la calma, del buen sentido, y entonces variaremos de opinión. Mientras esto no suceda, la división será completa, y si hoy permanece oculta por nuestra prudencia, mañana transcenderá a las Cortes, y de las Cortes a todo el país.

—Y se formará el partido anillero o de los amigos de la Constitución —dijo un viejo alto y flaco, nervioso y lleno de vivacidad, que respondía entre masones al nombre de Coriolano, y era célebre por un folleto contra los absolutistas y varios escritos de Economía política—. Esta nueva escuela será funesta. Tendremos al fin tantos partidos como hombres, y no habrá un solo individuo que se resigne a pensar como los demás.

La Sociedad de los amigos de la Constitución —dijo el compañero del primer orador que junto a él se sentaba— responde a la necesidad imperiosa de establecer un término medio entre las antiguas leyes, que viven encarnadas en el país, y los principios liberales. ¿Por qué no hemos de decirlo? Yo, por lo menos, tengo mi ideal en la Carta francesa, con las dos Cámaras y el voto absoluto.

Oyose un murmullo de desaprobación.

—Condenemos igualmente —dijo con gravedad el de los cabellos alborotados y la boca grande— toda clase de reuniones como esta, que o sirven para fomentar el jacobinismo y ofrecer un secreto peligroso a las intrigas y a las ambiciones, o no sirven para nada.

—Estamos disputando sobre si nos hemos de dividir más todavía, mientras una cuestión palpitante, fundada en una alarma falsa quizás,

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