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nydus/El Grande OrientePublic
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VIII

Tomaron todos asiento, siendo de notar que algunos tenían mandil y banda, y otros no. Hubo no pocos pasos de baile francés, tocamientos y signos que no describiremos por ser demasiado conocidos. La patriarcal fisonomía y espesa cabellera blanca de Canencia se destacaban al lado de la epístola, y al verle tan circunspecto y hasta con cierta expresión beatífica, se creería que los templos elevados a la gloria del Gran Arquitecto Iod también tenían sus santos. El Venerable, usando las fórmulas rituales, mandó al primer vigilante que se asegurase si el templo estaba a cubierto, y el primer vigilante, después de hacer la pantomima de salir y volver a entrar, declaró que no llovía, es decir, que el templo estaba libre de entrometidos y que podían empezar los trabajos. Un martillazo presidencial abrió estos en el grado convenido.

El Maestro de ceremonias, que era uno de los oficiales dignatarios, recorrió los asientos presentando el saco de las proposiciones. Algunos masones depositaron un papelillo como los que se usan en las rifas domésticas. El Venerable extrajo todas las proposiciones, y escogiendo la que le pareció más grave, leyó lo siguiente:

«*Proposición de Aristogitón. — G.·. 18: Salvador Monsalud.* — Pido a este Grande Oriente de Madrid se sirva declarar que reprueba las prisiones ordenadas por el gobierno con motivo de inofensivas conspiraciones absolutistas, y que se apresure a interponer su mediación benéfica para que don Matías Vinuesa y los demás infelices encarcelados por causa del ridículo plan descubierto el 21 de enero, se libren no solo de ejecución capital, sino del largo cautiverio a que los condenará la pasión política.»

Cuando el Venerable concluyó de leer, rumores de desaprobación sonaron en la logia; pero el martillo del Venerable impuso silencio, y algunos instantes después, Aristogitón se expresaba en estos términos:

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