«Juro que si algún cab. com. faltase en todo o en parte a estos juramentos, le mataré luego que la Confederación le declare traidor; y si faltase yo, me declaro yo mismo traidor y merecedor de ser muerto con infamia por disposición de la Confederación de cab. com.; y para que ni memoria quede de mí después de muerto, se me queme, y las cenizas se arrojen a los vientos.»
—Cubríos —le dijo el presidente— con el escudo de nuestro jefe Padilla.
Tomó entonces el joven un mohoso broquel que le presentaron, y cubierto pecho y cara con tal defensa, pusieron en él los demás comuneros la punta de sus espadas, mientras el presidente dijo entre otras majaderías:
—Si no lo cumplís, todas estas espadas no solo os abandonarán, sino que os quitarán el escudo para que quedéis al descubierto, y os harán pedazos en justa venganza de tan horrendo crimen.
Poseídos algunos caballeros, como gente candorosa, del papel que estaban desempeñando, hincaban con excesiva fuerza la punta de sus asadores o espadas en el