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nydus/El Grande OrientePublic
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XVII

—Pues lo pasado, pasado —dijo Campos—. Amigos otra vez. Olvidemos las ofensas que mutuamente nos hayamos hecho.

Pasemos la trulla.

Trulla era la cuchara de albañil, y la idea de pasarla indicaba olvido y perdón de las injurias, idea que bien podía expresarse hablando como la gente.

—Ahora me toca a mí —dijo Salvador.

—Ahora te toca a ti —añadió Campos sacando dos cigarros habanos y ofreciendo uno a su amigo—. Ahí va esa pólvora del Líbano. Fumemos.

—¿Usted me promete que Gil de la Cuadra no será condenado a muerte?

—Eso no.

—¿Me promete usted que se sobreseerá su causa?

—Tampoco.

—Entonces...

—Lo que prometo es que tu padre, tu tío, tu pariente o lo que sea, saldrá de la cárcel.

—¿Cómo?

—Escapándose de ella, lo cual no es fácil; pero sí posible, sobre todo si tú y yo nos proponemos hacerlo. No hay que pensar en que el gobierno

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