día del peligro, sacrificando su existencia al triunfo de la libertad. Puso cual no digan dueñas a los masones, acusándoles de afrancesados e impostores, pues muchos, dijo, profanaban el nombre de Riego, tomándole en sus asquerosas bocas, siendo así que para pronunciar palabra tan angélica, debían enjuagarse un mes antes con miel rosada. Afirmó que Calatrava era un bajo adulador, Feliú un traidorzuelo, Martínez de la Rosa un mandria, Cano Manuel un bobo, Toreno un pedante, Argüelles un embustero. Después de mucho divagar, propuso a la asamblea que se diese un voto de gracias a don José Manuel Regato por lo bien que había conducido los diversos asuntos de la Comunería desde su origen. Regato estuvo a punto de llorar de emoción, y para demostrar de un modo incompleto su agradecimiento, convidó a cenar a varios de los más granaditos. La sesión terminó alegremente entre las alegres endechas del himno, que sonaban bajo las bóvedas de la fortaleza:
Table of Contents
XIX
194