cuando se está en posición holgada y opulenta como la que tendrá la marquesa de Falfán de los Godos... la marquesa, sí, sí: ¿por qué no se ha de decir? He encargado hoy mismo una magnífica palangana de plata con las armas y el hermoso lema Vallifanius Gothorum... pues volviendo al defectillo...
—No hay que fijarse en una inclinación propia del bello sexo, y que frecuentemente adorna a las que han nacido hermosas —dijo el marqués—. ¿No es verdad, querido Aristogitón?
—Seguramente. El señor Campos se refiere a la pasión del lujo, al delirio de las galas y atavíos para realzar la hermosura.
—Andrea se ocupa excesivamente de engalanar su persona —dijo Cicerón—; pero esto, que sería imperdonable en la esposa de un menestral, ¿puede vituperarse en la mujer de un prócer millonario? De ninguna manera.
—Al contrario —indicó Monsalud—, la alta posición exige un esmero constante en la persona, cultivar el lujo, favorecer las artes; con lo cual, una dama elegante da lustre a su marido y a la casa cuyo nombre lleva.