demonios le lleven. Lo que quiero decir es que pudiéndose evitar la muerte de un semejante, debe evitarse.
—Parece difícil y, sin embargo, es sencillo. Cálmese el furor de la canalla; póngase una buena guardia en el edificio, y todo está concluido.
—Ninguna de esas dos cosas puede hacerse.
—Pues entonces...
—Usted no carece de talento —dijo Regato sonriendo—, y, sin embargo, no comprende mi idea. Siga aquí la guardia de milicianos... Supongamos que viene eso que usted llama populacho...
—Y que los milicianos, recordando que son hombres de honor, españoles y cristianos, defienden la entrada.
—No... supongamos que no la defienden.
—Entonces entra la canalla.
—Eso es, entra...
—Abre el calabozo.
—Abre el calabozo... y no encuentra a Vinuesa.
—¡Ah! ya... Que se escape.
—O que se esconda.
—Pero sus enemigos le buscarán.
—Que le busquen. Con tal que no le encuentren...
—Pero ya sabe usted que cuando la ferocidad popular pide una víctima, si no se le da...