CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/El Grande OrientePublic
Página 120 de 275
Table of Contents

XIII

muchísimo; pero, ¡ay!, tú no le conoces. Temo cualquier atrocidad si le dices eso.

—Pues no te comprendo. ¿Creerá tu tío que te morirás de hambre en mi casa? ¿Creerá que no vas a tener una posición decorosa?

—No... —dijo Andrea con los ojos fijos en el suelo—; pero mi tío es ambicioso... tú no sabes quién es mi tío... tiene la cabeza llena de vanidades, y yo no sé... Se le figura que yo valgo mucho, que merezco la mano de reyes y emperadores... tonterías.

—Si tú le ayudas, si tú favoreces en él esas ideas, entonces todo se acabó... Yo me voy —dijo Monsalud con repentina cólera.

—Te enfadas contigo mismo —dijo Andrea mirándole con dulces ojos—. Hazme el favor de no ser terrible. Por ahora no le digas nada a mi tío. Ya veremos.

—Campos quiere casarte; piensa en ello, y sin duda ha formado ya su plan. Andrea, tú no quieres decirme la verdad.

—La verdad es que te quiero con toda mi vida —repitió amorosamente la indiana, repitiendo también el abrazo—. Cállate. Haz lo que te mando, y espera.

—¿Crees tú que se puede vivir mucho tiempo de esta manera, a escondidas, ideando mentiras, y con absoluta ignorancia del porvenir?

—Es verdad, no se puede vivir así —repuso Andrea con tristeza.

—No puedes ocultar que te agrada este sistema de vida; que no deseas como yo una paz dichosa al lado de la persona amada. Andrea, en ti ocurre algo. Tú no eres lo que eras; tú has variado mucho; en tu cabeza hay una idea nueva. Recuerdo que hace tiempo deseabas lo que yo te propongo ahora. ¿Crees que podrás engañarme muchos días? O te sacaré la verdad, o te venderás tú misma.

120