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nydus/El Grande OrientePublic
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IV

No pudo dar contestación la atribulada niña. Oyéronse terribles golpes que resonaban en la puerta de la casa, haciendo retemblar a esta de los cimientos al tejado... Oyéronse al mismo tiempo pasos de mucha gente, palabras, un rumor soez que llenó de espanto el alma de los tres personajes.

—¡Ahí están! —murmuró con voz tétrica Gil de la Cuadra.

—¡Ahí están! —replicó Monsalud, golpeando el suelo con tanta fuerza que la casa redobló su temblor convulsivo y profundo, como contestando a las llamadas de los polizontes.

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