CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/El Grande OrientePublic
Página 66 de 275
Table of Contents

VII

—Pues el filósofo de los filósofos dice que no hay verdadera felicidad sin sabiduría... ¡Oh!, ¿de qué sirven las grandezas humanas? Hasta el heroísmo es cosa que no tiene simpatías, porque, como dice el ginebrino: «la continuidad de pequeños deberes bien cumplidos no exige menos fuerza moral que las acciones heroicas.» Mira tú cómo un hombre humilde que no va más que de su casa a la de Correos, y de la casa de Correos a la suya o a la logia, y carece de esposa y de prole, puede ser un grande hombre, es decir, un sabio, o si lo quieres más claro, un hombre feliz... Que suban los comuneros; que bajen o suban o se estén quedos los masones... es cuestión que no me importa mucho. El zoquete de pan, la cántara de agua, el tiesto de flores y el buen libro no han de faltar. Convéncete, ¡oh joven inexperto!, de que la ambición no ocasiona más que disgustos y enfermedades en el hépate..., en el hígado, para hablar claramente... Se me figura que tú estás carcomido por la ambición, ¿eh? Tú traes algo entre manos. Dime —añadió poniéndole la mano en el hombro con patriarcal cariño—, ¿por qué has escrito aquella carta a Campos, diciéndole que te retiras de la masonería, y poniéndonos de oro y azul?... ¿Tratas de pasarte a los comuneros? Ahí tienes una apostasía que me parece tonta. Pareces un chiquillo. El creer que esto es una casa de locos, no es motivo para querer salir de ella, señorito Aristogitón. Quédate aquí, quédate, sin perjuicio de que in foro conscienciæ te rías un poquillo de la parte externa, ¿entiendes? Yo también, si he de decirte la verdad, me río algunas veces.

—Pues si usted se ríe, amigo don Bartolo —dijo Monsalud siguiendo el consejo del anciano—, es un hipócrita; porque usted es el hermano secretario y orador de la Sociedad; usted es el erudito, el que explica las leyes de la masonería, el consultor general, el que lo sabe todo dentro de esta casa, el que ordena los ritos, el que explica lo que los demás no entienden; usted es el sacerdote, el mago, el patriarca, el senescal, el archimandrita, el santón, el hierofante o no sé qué nombre darle, porque no sé todavía qué especie de religión, secta o jerigonza es esta. Usted es el que predica cosas enrevesadas y enigmáticas que no entendemos; usted es

66