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nydus/El Grande OrientePublic
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XXIV

—Sacrifica al primero que encuentra.

—Es posible que la falta de Vinuesa la pague otro preso, quizás más inocente que él... No, no me conviene ese plan.

—¿Y qué nos importa que la falta de Vinuesa la pague otro?

Monsalud miró a Regato con tanta severidad, que el dos veces gato entornó sus párpados para mirar al suelo.

—¡Ah!, ya comprendo —dijo afectando buen humor—. Usted no quiere que le toquen a su Gil de la Cuadra, que es, entre paréntesis, el más malo de todos y el que merecería cualquier castigo.

—Es verdad que le protejo —dijo Salvador.

—Como que se ha metido usted en esta inmundicia solo por salvarle.

—También es verdad.

—Como que fue usted conmigo a los comuneros solo con el fin de hacerse amigo entre la gente exaltada.

—También es cierto. Ese conocimiento tan hábil de mi conducta y de mis intenciones me mueve a declarar que poseo, del mismo modo, parte de los secretos de una persona a quien yo conozco.

—Con tal que no se refiera usted a las infames calumnias que dicen contra mí los masones...

—Yo no me refiero a calumnias. Usted ha desempeñado su misión incitando al pueblo a lanzarse en una vía de atrocidades sangrientas.

—Calumnia.

—Usted cumple también su misión, procurando que después del atentado quede vivo el arcediano; y con tal que el pueblo consume su

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