suelte la presa absolutista que tiene entre las garras. Es preciso ofrecer un par de víctimas al pueblo, y como no se le puede dar un león, se le da un conejo. Ya sabes que el cura Merino ha hecho la gracia de aparecer en Castilla; el Abuelo ha levantado también una partida cerca de Aranjuez, y Aizquibil recorre con su gente el país de Álava. El Pastor entra también en campaña, y a varios de su partida, que han sido cazados, se les encontraron muchos ochentines de los que acuñó el gobierno hace poco. Estos ochentines se dieron todos a la Casa Real, de modo que no hay duda alguna respecto a la mano que está moviendo esta vil máquina de las partidas.
—El rey.
—Sí, y cuando los ministros le hicieron notar la coincidencia, respondió tranquilamente: «Es muy extraño eso», y no dijo más. La corte trabaja con desesperación por encender la guerra civil,