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nydus/El Grande OrientePublic
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XII

bondad reposada, una madura belleza asegurada de peligros, y que se acomodase fácilmente a los gustos o ideas del trasnochado esposo, fue a incurrir en el maldito antojo de la niña fresca y tiernecita que apenas ha empezado a vivir, y tiene un porvenir ignoto delante de sus ojos chispeantes. Él no dejaba de comprender en ratos lúcidos su error; pero se engañó a sí mismo vanidosamente trayendo a la memoria su buena presencia, su gran fortuna, su fama, sus gustos artísticos, su finura, rica herencia del antiguo régimen que contrastaba con la grosería de los revolucionarios.

Si todo hubiera de resolverse entre el acartonado marqués y Campos, la cuestión habría estado concluida en un par de semanas; pero Andrea no quería casarse con Falfán de los Godos, porque amaba a otro. Esto sí que se parece a todas las comedias italianas del siglo xviii, a las óperas del primer repertorio y a muchas novelas de aquel tiempo, principalmente a las de d’Arlincourt, madame Cottin, Florián y mistress Bennet; pero no es culpa nuestra que esta vieja historia se nos venga a las manos. Acontece alguna vez que las cosas vulgares son las más dignas de ser contadas.

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